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Himno Nacional en la clausura de las celebraciones del 70º aniversario del Instituto

Culminaron las celebraciones del 70º aniversario

Fecha: 13/12/2007   |   Categoría: Noticias Generales

Con pleno éxito culminaron el domingo 9 de diciembre, las celebraciones del 70º aniversario del Instituto Traumatológico.

Con pleno éxito culminaron el domingo 9 de diciembre, las celebraciones del 70º aniversario del Instituto Traumatológico.

 La primera de ellas fue la Gala Folklórica, realizada el viernes 16 de noviembre, en el gimnasio del Club México, oportunidad en que el Ballet Folklórico de la USACH exhibió los cuadros Gente de Nuestra Tierra y La Fiesta de Cuasimodo.

 En la misma ocasión, el COFOTRA (Ballet Folklórico del Instituto) presentó La Trilla, proyección tradicional campesina de la zona central.

 

El Ballet Folklórico de la USACH y su "Cuasimodo".

 

El grupo musical del ballet de la USACH

    

 

Cena de camaradería.

  

Cerca de 300 funcionarios activos y jubilados, además de los ex directores del Instituto,  se dieron cita el viernes 7 de diciembre en el Centro de Eventos D´Antan, en una cena animada por el Trío Cuba y el Elvis Presley chileno. 

El festejo duró hasta altas horas de la madrugada en un ambiente en el que reinó la camaradería y la alegría de volver a encontrar a los jubilados de hace varios años.    

En la oportunidad, se entregaron los premios de las competencias deportivas y los reconocimientos por años de servicio.

 

Por años de servicio


Cumplieron 20 años de servicio en el Instituto (desde 1987): Marina Alcaíno Acosta, Verónica Nieto Ferreira, Pilar Vergara Tapia, Blanca Vergara Ojeda, Juan Ramírez Bahamondes y Luis Trujillo Silva.

Con 25 años, fueron distinguidos: Myriam Aguirre Contreras, Lilian Araos Núñez, Ema Contreras Jorquera, Berta Tobar Díaz y Arturo Varas Maragaño.

Por cumplir 30 años (desde 1977): Jorge González Rubilar, Jaime Ramírez Silva y Soledad Silva Garay.

 

Enteraron 35 años en el Instituto: Benjamín Cádiz Pinto, Eduardo Marchant Fernández y Gema Nettle Gálvez.

 

     Finalmente, cumplieron 40 años de labor: Elsa Oliva Rivas y Ana María Ruiz Peña.  Ambos reconocimientos fueron entregados en la ceremonia final del día domingo, en el Teatro Teletón.

 

Los deportistas

 

 El Club Deportivo del Instituto se sumó a la celebración del aniversario organizando un campeonato de diversas competencias.  Los respectivos ganadores fueron:

 

Rayuela mujeres: 1ª Teresa Lobos; 2ª Ester Cortés, y 3ª Berta Tobar.

 

Rayuela hombres: 1º Leopoldo Pacheco; 2º Alberto Quezada, y 3º Héctor Muñoz.

 

Ajedrez todo participante: 1º Alfredo Figueroa; 2º Jaime Llanos, y 3º Andrés Pulido.

 

Baby fútbol varones: 1er. lugar para el equipo integrado por Miguel Vásquez, Víctor Díaz, Hernán Garrido, Pedro Varas, Juan Araya, Eduardo Marchant y Waldo Apablaza.  El 2º lugar lo ocupó el equipo que formaron Cristián Veas, Marcos Burgos, Humberto Bizama, Álvaro Palma, Alexs Lagos y Mario Zúñiga.  En el tercer lugar se ubicó el equipo que integraron Jorge Acevedo, Carlos Tobar, Abraham Venegas, Pedro Rodríguez, Pablo Cabello, Francisco Zavala y Jorge Cerda.

 

Mejor jugador (revelación) del campeonato de baby fútbol: Javier Caro.

 

Goleador del torneo de baby: Francisco Zavala.

 

Equipo de baby más destacado, integrado por: Luis Trujillo, Manuel Barrientos, Javier Caro, Fernando Calquin, Julián Zamorano, Ernesto Pavez y Alfredo Figueroa.

La campeona de rayuela, Teresa Lobos.

 

2º lugar en Rayuela, Alberto Quezada.

 

 

 

Héctor Muñoz, tercer lugar en rayuela.

 

Alfredo Figueroa, ganador del ajedrez.

 

Jaime Llanos, 2º lugar en ajedrez.

 

Marina Alcaíno Acosta cumplió 20 años de servicio

 

Verónica Nieto Ferreira, 20 años de servicio

Pilar Vergara Tapia, 20 años de servicio.

 

 

 Blanca Vergara Ojeda, 20 años de servicio.

 

 

La enfermera coordinadora, Lilian Araos Núñez, cumplió 25 años de servicio y recibió un reconocimiento de manos del ex director del Instituto, Dr. Iván Razmilic.

 

Jaime Ramírez Silva, jefe de Rayos, cumplió 30 años de servicio.

 

María Soledad Silva Garay, recibió su reconocimiento por 30 años de servicio de manos del subdirector médico, Dr. Miguel Sepúlveda.

 

El kinesiólogo Eduardo Marchant Fernández recibió su reconocimiento por 35 años de servicio de manos del ex director, Dr. Miguel Gasic.

 

Gema Nettle Gálvez cumplió 35 años de servicio.

 

Ceremonia final

 

Una emotiva ceremonia marcada por la nostalgia y el homenaje a los fallecidos marcó el cierre de las celebraciones.  Hasta el Teatro Teletón, llegaron el domingo 9 de diciembre en la mañana, la ministra de Salud y directivos del SSMOc, además de los funcionarios activos y jubilados del Instituto, en compañía de sus familiares.

 

Al comenzar el acto, el director del Instituto, Dr. Mario Reyes, rindió homenaje a cada uno de los ex directores del Instituto, presentando un diaporama con imágenes y sus biografías, desde el Dr. Teodoro Gebauer, Alberto Bahamondes, Prof. Manuel Rivera, Sergio Reyes y Miguel Gasic, hasta el Dr. Iván Razmilic, su antecesor.  También hizo un recuerdo de los funcionarios que han fallecido, cuyos nombres se proyectaron en una pantalla gigante.

 

A continuación, se hizo entrega de los reconocimientos a las funcionarias Elsa Oliva y Ana María Ruiz, por haber cumplido 40 años de labor en el Instituto.  Esta última se hizo también acreedora del “Premio a la Excelencia Instituto Traumatológico”, que se otorga por tercer año consecutivo.

El Dr. Enrique Ayarza, director del SSMOc, entregó a Elsa Oliva Rivas su reconocimiento por 40 años de servicio. 

 

Ana María Ruiz Peña recibió un reconocimiento por 40 años de servicio de manos de la ministra de Salud, Dra. María Soledad Barría..

 

La nota musical estuvo a cargo de Los Huasos Quincheros, que hicieron un recorrido por las canciones chilenas de los últimos 70 años y finalizaron con El Patito alusivo al Instituto.

El director del Instituto hizo una reseña histórica del establecimiento, resaltando la contribución de quienes lograron formar equipos de trabajo y el aporte diario de sus actuales funcionarios.

La ministra de Salud, Dra. María Soledad Barría, por su parte, destacó el alto nivel técnico y de gestión en que se encuentra actualmente el Instituto Traumatológico, así como su rol de formador de nuevas generaciones de médicos, enfermeras y kinesiólogos.

El evento culminó con un vino de honor que se ofreció a los asistentes.

 

Los dirigentes gremiales posaron junto a la ministra de Salud.

 

Discurso del director

EL ESPÍRITU DEL INSTITUTO

 

El siguiente es el texto completo del discurso pronunciado por el Dr. Mario Reyes Villaseca, director del Instituto Traumatológico, durante la ceremonia del domingo 9 de diciembre:

 

"Dra. Soledad Barría, Ministra de Salud; Dr. Enrique Ayarza,  director  del Servicio de Salud Metropolitano Occidente; funcionarios del Ministerio de Salud; funcionarios  del Ssmoc; institutanos de ayer y hoy con los familiares que los acompañan. 

Damas y caballeros…  

Hoy es un día feliz.  Con orgullo y con cariño celebramos el septuagésimo aniversario de la creación del Instituto Traumatológico ´Dr. Teodoro Gebauer Weisser`.

 

A esta celebración llegamos con un balance que podemos exhibir con la satisfacción de haber logrado grandes cosas.  Entre ellas la más grande, la más importante, la más trascendente: gracias al espíritu que respalda nuestras atenciones hemos contribuido a que nuestros pacientes –la enorme mayoría de ellos- recuperaran la salud y la fuerza para volver a enfrentar la vida después de una situación traumática. 

 

Es probable que parezca demasiado simple resumir así nuestros setenta años de historia.  Puede ser.  Concedo que es elemental cumplir con nuestra misión.  Sin embargo, les recuerdo que los hechos esenciales se expresan con pocas palabras porque cada hecho esencial es siempre resultado de procesos. 

 

En nuestro caso, al atender a cada uno de nuestros pacientes se ponen en acción décadas de estudio, innovación e investigación; perseverancia, dedicación, responsabilidad y rigurosidad profesional alcanzada gracias al aporte de grandes médicos, mujeres y hombres generosos que decidieron compartir su saber formando a centenares de especialistas que hoy “exportan” el espíritu de nuestro Instituto a diferentes centros de salud del país y del extranjero.

 

Los hospitales tienen  personalidad propia.  En ellos algunos nacen a la vida y otros fallecen, se crean amistades o se odia. Se crean amores y se deshacen amores. Algunos son más famosos más aristocráticos o decadentes, son más olvidados o depresivos, son pequeños y hermosos o monstruos sobre demandados.

¿Qué es lo que llamamos el espíritu de nuestro Instituto? 

Somos un organismo vivo con una personalidad definida y fuerte,  creativo en sus soluciones, eficiente y resolutivo; el resultado excelente es parte de nuestro quehacer, mística de trabajo a horario completo de nivel ´trabajólico`, apasionados por enseñar, por algunos a veces poco entendido y casi odiado. No somos hermosos ni mediáticos o telegénicos, somos quitados de bulla pero, así y todo, los primeros y mejores en muchas cosas de nuestro quehacer profesional. 

Este espíritu del Instituto Traumatológico Dr. Teodoro Gebauer Weisser se ha formado y consolidado en los setenta años que hoy celebramos y que eleva esta celebración a la categoría de día feliz. 

Y cuando se nos concede un día feliz, es imperioso y necesario agradecer.  Primero, agradecer que ustedes compartan con nosotros este día y esta celebración.  Segundo, agradecer el privilegio de dirigir nuestro Instituto y haber sido parte en la celebración de los 50 y 60 años 

En tercer lugar, y este es nuevamente un hecho esencial, debemos todos agradecer a todos.  Explico las razones: la vida es a veces generosa en la distribución de oportunidades.  Otras veces es mezquina y otras es, decididamente, esquiva. Todos nosotros debemos agradecer la oportunidad de pertenecer al Instituto Traumatológico, de compartir su espíritu y de proteger los frutos cultivados por nuestros antecesores.  Y ellos, los fundadores y formadores, estoy seguro que agradecen la oportunidad de haber sembrado y cultivado en terreno fértil y ansioso por saber más para atender mejor. 

En este punto, en este momento de agradecimientos, quiero recordar a una persona que con mucho más elocuencia y sencillez que yo, inscribió en todo el mundo un sentimiento también esencial: ´gracias a la vida`, canta la Violeta Parra, esa mujer que supo morir de amor y que nació, tal como nuestro Instituto en un año en siete: 1917. 

Sí, nació en un año terminado en siete.  A quienes se pregunten ¿por qué destaco que es un año en siete?  

El desarrollo de nuestro Instituto está marcado por el año 1927 con la Ley que crea la Sección de Accidentes del Trabajo de la Caja Nacional de Ahorros y  el año 1937 con su inauguración.

Grandes hechos suceden en los números ´7`.

Nuestro poeta Gonzalo Rojas cumplió 90 años, Papelucho fue publicado por primera vez en 1947,  mismo año en que se inaugura el Museo de Arte Contemporáneo;  el Teatro Municipal de Santiago abre sus puertas en 1857; el vuelo transoceánico de Charles Lindberg, en 1927; la fundación del Círculo de Periodistas, que en estos días celebra su centenario; el cardenal Raúl Silva Henríquez y Marta Colvin  cumplirían cien años. 

Parece ser que los grandes eventos y creaciones tienen que ver con los años ´en 7`. Así nace nuestro Instituto.  

Hace pocos momentos hemos disfrutado de la música de Los Huasos Quincheros, que también celebran 70 años. 

Pero la coincidencia no es sólo cuestión de calendario.  Así como hablamos de armonía por contraste, pienso que también es posible encontrar paralelos por divergencia.  Ellos, con el verso, los arpegios y punteos han ayudado  a levantar los ánimos o dejar atrás las penas.  Una cura para corazones dolidos o recetas para celebrar alegres.  Nosotros, en lo mismo, pero con lo nuestro.  Ellos al sentimiento, nosotros ´al hueso`.  Gracias por acompañarnos y celebrar juntos nuestros 70 años 

Desde la creación del instituto han pasado siete décadas.  Que algunas décadas parezcan siglos, eso es otra cosa.  Son setenta años en los que sucedieron muchas cosas en la historia del país, del mundo y en el desarrollo de la medicina. 

Pensemos en la década de los años treinta, cuando se planificó, se construyó y se inauguró el Instituto Traumatológico.  Es una época con notables avances en el ámbito social que crean las condiciones para la promulgación de la Ley de Seguro Obrero Obligatorio y la Ley de Accidentes del Trabajo.  Motivados por ese clima y apoyados en esas leyes, actúan personajes visionarios que identifican una oportunidad favorable para iniciar obras con proyección social y de futuro.  Uno de ellos es don Francisco Pérez Lavín, entonces vicepresidente de la Caja Nacional de Ahorros, entidad que contaba con una Sección de Accidentes del Trabajo. 

Digo que don Francisco fue uno de ellos porque obras de gran envergadura requieren el convencimiento y la participación de muchos.  Es evidente que don Francisco Pérez supo formar equipos de trabajo que encauzaron y armonizaron la participación de muchos.  Seguramente, fue también capaz de convencer y de transformar el convencimiento en entusiasmo, componente imprescindible cuando se enfrenta un desafío importante.  En otras palabras, desde antes de la primera piedra, en aquel proyecto de instituto estaban presentes, como en toda gran obra humana, la cabeza y el corazón. 

Así nació nuestro Instituto.  Un ex funcionario, don Darío Ahumada Morales, consigna en una breve reseña histórica que se trató del ´primer centro de salud de este tipo en latinoamérica y uno de los más modernos del mundo por su diseño arquitectónico, instalaciones y tecnología`. 

A un recién nacido de tal envergadura había que cuidarlo, formarlo y preocuparse de su crecimiento y desarrollo.  Esa tarea la asume el doctor Teodoro Gebauer Weisser, primer director del Istituto  

El legado del doctor Gebauer trasciende con creces la gestión de un hospital con doscientas camas y con policlínicos para la atención ambulatoria.  Al recordar su obra es ineludible reconocer que se trata también de un visionario de los que transforman oportunidades en realidad.  También él supo armonizar capacidades individuales y coordinarlas en equipos de trabajo que impulsaron el desarrollo de la especialidad.  Allí están los que formaron el primer equipo de trabajo.  Todos fueron grandes en lo suyo. 

Está claro que se trata de un equipo formado por médicos destacados.  Pero, al igual que hoy, el esfuerzo de ellos habría sido estéril sin el concurso de una organización en la que el aporte de cada miembro es indispensable para el buen cumplimiento de las tareas: enfermeras, kinesiólogos, terapeutas ocupacionales, tecnólogos médicos, dentistas, asistentes sociales, nutricionistas, químicos farmacéuticos, comunicadores, técnicos paramédicos, profesionales y técnicos administrativos y auxiliares de servicio son los actores que día a día, turno a turno, paciente a paciente, encarnan el rostro humano del espíritu del Instituto.

Las organizaciones gremiales de estos funcionarios nos han dado cohesión, con conversaciones abiertas y sensatas para llevar adelante ideas y proyectos de mutuo beneficio. 

¿Qué sería el Instituto sin su gente? O aún más preciso, el Instituto Traumatológico ES su equipo, es el aporte de todos.  Cada uno de nosotros, cada cual en su tarea, con su saber y su entusiasmo, somos el Instituto del presente y lo proyectamos al mañana. 

En este aniversario hemos querido destacar y dejar bien en claro cuánto valoramos el aporte de cada funcionario, de cada miembro de este equipo.  Hemos invitados con especial cariño a nuestros jubilados, a quienes desde su puesto de trabajo aportaron a la consolidación del espíritu del Instituto.  Entre ellos debiera estar don Reginaldo Bustos que, ¡vaya coincidencia! cumplió setenta años de edad, cuarenta y cinco de ellos trabajando en el Instituto.  Más de la mitad de su vida, pero estoy seguro que si le preguntamos a él, diría que nuestro hospital es su vida entera.

Igual respuesta nos darían otros invitados especiales.  En este día feliz queremos brindar un reconocimiento especial a un grupo de los nuestros que también cumplen 40 años de trabajo en el Instituto Traumatológico. 

Me acomete una vez más la necesidad de agradecer la oportunidad y el orgullo de dirigir este equipo, este gran equipo.  Agradecer necesariamente a quienes lo fueron formando, a quienes le imprimieron ese carácter especial que marca la diferencia entre un grupo de personas y equipo de trabajo.  Ellos esperan dar el gran salto que se merecen a la luz de todos los índices de gestión que podemos exhibir:  la tan anhelada normalización del Instituto Traumatologico, pendiente desde 1992.  Ya tenemos un equipo de trabajo que este año ha avanzado en ese sentido. Espero que no sea para el año 2017 

Podemos mostrar, por ejemplo, un logro alcanzado en el marco de la reforma al sistema de salud: nuestro Instituto fue auditado y  evaluado como establecimiento autogestionado en red el año 2006 y por su condición espera ser catalogado como establecimiento de alta complejidad.  Es un reconocimiento de categoría mayor que se agrega a la ya alcanzada calidad de centro de referencia metropolitano y nacional en la especialidad de ortopedia y  traumatología.   

La simple mención de estos hechos esenciales justifica el  orgullo que todos sentimos por ser parte del Instituto Traumatológico Dr. Teodoro Gebauer.  Hechos esenciales que nos conceden autoridad más que suficiente para declarar que hoy es un día feliz.  

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