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Mi Otro Yo

Sección Entrevistas

Alejandro Quezada: Amante de las Artes Marciales

Desde enero de 2018 es el kinesiólogo de pacientes hospitalizados en el cuarto piso donde realiza  rehabilitación a los post operados, apoya en el tercer piso cuando hay demasiada demanda y resuelve casos que se pueden generar en Recuperación como pacientes con ventilación mecánica, procedimientos de urgencia, intubaciones y complicaciones que se podrían originar por urgencias respiratorias.

Complementariamente a sus funciones profesionales, hace años práctica artes marciales y puntualmente hoy el F.C.S kali, que significa Filipino Combat Sistem). “Comencé con el aikido alrededor de los 12 años, aún lo entreno pero no con la misma regularidad de antes. Mas menos en el 2009 un compañero de aikido, que fue el que trajo este sistema a Chile me preguntó si yo lo quería entrenar porque él necesitaba alguien con quien practicar y  acepté”.

Para Alejandro estudiar esta disciplina depende mucho de la evolución de cada persona que la entrena. Dice que como mínimo son cinco niveles donde se debe practicar cada uno al menos un año que certifica una asociación  compuesta por un consejo de artes marciales filipinas.

“Para dar mi examen de grado tuve que viajar a Estados Unidos donde se realiza una especie de congreso donde te evalúan profesores. Para certificar hay que cumplir etapas de  demostraciones técnicas; algunas sólo, otras con algún compañero, y la última parte es combate. Todo este proceso para demostrar que uno está preparado, por ejemplo si logro conectar golpes, bloquear y esquivar golpes. Me gradué en el 2015 y eso me convirtió en uno de los tres instructores que hay en Chile”.

La práctica de esta arte marcial implica que al menos una vez deba viajar al extranjero, a algún seminario donde pueda seguir estudiando con su profesor.“Mi primer viaje fue por cinco días a Florida, en el 2015.También he ido a Argentina, Uruguay, Ecuador, Colombia y Brasil fue el último país al que viajé en el verano de 2020”.

La rama que actualmente práctica es más bien familiar, existe hace muchos años y tiene que ver con la influencia en el sudeste asiático y la línea de su profesor tiene entre 35 y 40 años.

“Una de las cosas que me llama la atención es que es bien dinámica, por ejemplo cuando uno llega a cierto nivel se te motiva a entrenar otras cosas, que vayas, aprendas y después mezcles las técnicas. Esto es algo que me apasiona y pienso seguir practicándola”.

 


Mauricio Martínez: Aventurero de las dos ruedas

  

Desde el 2006 es el Prevencionista de Riesgos del Instituto, el primero en cumplir esta función en este establecimiento en el que se ha desempeñado en Recursos Humanos entre 2006 y 2008 y en Servicios Generales entre 2008 y 2016 donde formó la Unidad de Salud Ocupacional y Gestión Ambiental que dirige desde su inicio. 

Admite que el Mountain Bike, es su real pasatiempo pero se considera también amante de las cosas prácticas y así de convencido puede convertirse en electricista, mecánico, ingeniero y psicólogo de la vida. Además toca el Ukelele, le gusta la fotografía, el Bodybuilding, el Offroad 4x4, la Astronomía y la Astrofotografía, pero por sobre todo: la bicicleta,

“Me subí a la bicicleta cuando tenía como 8 o 9 años, bastante viejo se podría considerar ahora porque en esos tiempos no todos podían acceder a una bicicleta. La mía, que realmente era la de mi mamá, me apaño en mis aventuras. Aunque soñé toda mi infancia con una Bicicross Oxford, en ese entonces algo parecido tenía un precio de 10 mil pesos, algo impensable para mí, pero en fin. La bici de mi mama fue la que me impulsó, hice con ella cosas muy locas. Era una bicicleta CIC de paseo, de esas con parrilla atrás, con tapabarro, donde ponías un envase de yogurt para que sonara como moto. Después de saltar todas las cunetas del barrio terminó por partirse por la mitad… años después, mi vieja me regalo mi primera MTB”.

Confiesa que ha vivido muchas aventuras sobre las dos ruedas, pero también muchos accidentes, sobretodo hoy, ya que la práctica del MTB en el cerro es peligrosa, pero también adictiva y complaciente.

“Mi accidente más grave fue el 2018, tras aterrizar de cabeza en un salto sobre unas rocas, y a pesar de perder la conciencia por un rato, y sin tener como regresar, me monte en la bicicleta y volví a la casa… ni siquiera me acuerdo como lo logre, solo me acuerdo que hable por teléfono con mi señora y un amigo “Aló, tuve un accidente, me voy a la casa”… y otras cosas incoherentes que después me dijeron que hablaba… para mí esto es pan de cada día”.

Toda esta vivencia le motivó a formar el primer Club deportivo de MTB de la Comuna de Puente Alto, ha sido invitado a cuanto proyecto nuevo de la Municipalidad para temas de bicicletas. Se ha especializado en armarlas y desarmarlas por completo como a él le gustan  por eso no las compra y además tiene un canal de YouTube donde sube tips y videos.

                                          

Atronomía y Astrofotografía 

Una de sus pasiones más reciente es la Astronomía, “observar las estrellas todas las noches es hipnotizante sobre todo en San José de Maipo, es impresionante la belleza del firmamento”.

Su primer telescopio lo adquirió a los 37 años, pero el primer aparato que uso para ver un evento astronómico fue algo tan simple como una caja de cartón con algunos cortes para ver el eclipse de 1994. “Posteriormente, fui aprendiendo de forma autodidacta y  actualmente tengo un telescopio profesional, es el cuarto que pasa por mis manos y creo que no será el último”, asegura.

Finalmente se refiere a su nuevo hobby. “Actualmente estoy incursionando en el mundo de la Astrofotografía, cosa bastante complicada, ya que primero hay que aprender a sacar buenas fotos de día… es complejo, pero no imposible”.

 

Osvaldo Tello: “La fotografía es una pasión más que un pasatiempo”.



Lleva seis en el Instituto, desde mayo de 2014, Osvaldo Tello es el Trabajador Social encargado de la atención social de nuestros pacientes, sus principales funciones van desde la orientación, temas previsionales, de pensión, trámites en Fonasa, postulación a credencial de discapacidad, aspectos socio-familiares, y resolver las diferentes problemáticas que se pueden presentar.

Confiesa que además de su trabajo  le gusta la fotografía  y que más que un pasatiempo es una pasión que comenzó a temprana edad. “Esto nace de muy niño, no sé cuántos años habré tenido, unos nueve o diez años, tal vez menos, cuenta.  Mi padre me regalo una cámara fotográfica, que todavía las venden, unas que se llaman Diana, son unas cámaras plásticas bien simples con unos rollos grandes, con esas empecé de pequeño a tomar fotografías. Después fui juntando plata y me fui comprando una mejor y así sucesivamente”.   

Hubo un momento en que la dejó de lado, cuando comenzó lo digital, por lo que realizó diversos cursos para dedicarse exclusivamente a ello.

“Lo análogo tiene su romanticismo sobre todo en la parte del revelado de fotos. Pero ahora sólo me dedico a lo digital, que se basa principalmente en programas computacionales y te ofrece otro tipo de herramientas. He realizado varios cursos, uno que hice en la Universidad de Buenos Aires, una diplomatura  en fotografía social, como ellos le llaman;  otro  en la Facultad de Artes de la Universidad Católica y el último de fotografía contemplativa fue durante la cuarentena ”.

 “Principalmente me gustan las fotografías urbanas, de movilizaciones sociales, otras podría decirse que son patrimoniales como las que he tomado en mis visitas al norte de algunas ruinas, cementerios abandonados, etc”.

Confiesa que su pasión por la fotografía es tan grande que si hubiese tenido la posibilidad de estudiarla en su juventud lo habría hecho y que hoy su sueño es dedicarse en algún momento exclusivamente a la fotografía  “probablemente después de la jubilación”, anuncia.

                            

 

                           

 



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